martes, 3 de mayo de 2011

Naturaleza artificial. El Parque de la Relajación de Torrevieja

Me complace pensar que todavía hay gente que se sirve de la arquitectura para revitalizar espacios. La ciudad necesita la continua regeneración de sus calles, parques y edificios para que la calidad de vida de sus habitantes no sólo se sostenga sino que también aumente. Ejemplos de intervención urbana a gran escala, por poner un ejemplo de ciudad mediterránea, son los ejecutados en la Barcelona del 92 o la del Fórum 2004 (imagen 1), donde barrios enteros reorganizaron su planeamiento para generar espacios urbanos, tanto públicos como privados. Inteligentemente se han asociado estas intervenciones a eventos puntuales de carácter internacional, que no hacen sino proyectar todavía más esa imagen renovada de la ciudad frente al mundo.

Imagen 1. El Forum de las Culturas de Barcelona, celebrado en 2004, fue la excusa perfecta para generar ciudad. La ubicación estratégica del evento proporcionó a la ciudad de Barcelona la posibilidad de rehabilitar una parte de la ciudad un tanto olvidada. La prolongación de la Avenida Diagonal desde la Plaça de les Glòries aprovecho el Forum 2004 para enlazarse con el litoral de la ciudad condal culminando así el sueño utópico del ensanche de Cerdà. El desarrollo urbano de la zona del Forum en el extremo de esta característica avenida, eliminó toda la trama industrial de la zona, ahora en evidente desuso, y generó nuevos parques, áreas residenciales, zonas comerciales, y terciarias, que revitalizaron un degradado barrio de la ciudad. En la imagen, el Edificio del Forum (de los arquitectos suizos Herzog & deMeuron), el espacio público creado a su alrededor y el nuevo puerto deportivo a orillas del rio Besós.

Queda claro pues, que la arquitectura (el urbanismo cuando aumentamos la escala) es una herramienta vital a la hora de vender ciudad. El binomio evento-arquitectura está cada día más presente en nuestras vidas, llegando a concebir el espacio arquitectónico como el sitio donde tiene lugar el encuentro, el continente en el que algo va a suceder. La escenografía donde los actores interpreten el teatro que constituye el evento que allí les reúne.

La localidad alicantina de Torrevieja, de poco más de cien mil habitantes, cuenta con un entorno natural que lo distingue del resto de la costa alicantina. Las Lagunas de La Mata, atraen ahora a un sector minoritario del turismo, interesado por los beneficios para la salud que reporta el tratamiento con los lodos de sus orillas, bañadas con agua de elevada concentración salina. En cambio, es intención de la localidad ofrecer a modo de reclamo turístico sus beneficios, y para ello, como ya hemos introducido, requiere de una arquitectura que coloque Torrevieja en el mapa del turismo de salud, y que la destaque del resto de la oferta turística de la costa Blanca.

Con la clara finalidad de polo atractor de visitas, y por lo tanto de riqueza, surge la idea de introducir una pieza de arquitectura singular, que escape a lo corriente, a orillas de las lagunas para dar cabida a las actividades que ahora se desarrollan en la propia laguna: baños de lodos, contemplación del paisaje, espacio de relajación… Como respuesta a estas pretensiones, el arquitecto japonés Toyo Ito propone la inserción en el paisaje natural de tres volúmenes orgánicos con forma de caracola que dialoguen con este en una transición continua entre medio natural y arquitectura, que a la vez deben cumplir con la triple condición de no agredir al entorno natural, dar cabida al programa requerido y resultar atractiva para el público en general que pueda convertirse en visitante potencial.

El carácter poético de una forma que recuerda tanto a la naturaleza nos traslada a orillas del mar Mediterráneo, que baña nuestras costas y nutre a estas Lagunas del líquido elemento. Surge la imagen de caracolas varadas sobre la arena del mar al aproximarse por primera vez al proyecto, y es que la idea LeCorbusierana del “objet trouvé” está presente desde el primer momento que divisamos estas formas tan directamente relacionadas con la naturaleza.

Imagen 2. Vista de las caracolas proyectadas por Toyo Ito para Torrevieja, que aparecen como conchas varadas sobre la arena del mar.

Tenemos en la iglesia de Ronchamp (imagen 3), en Francia, el más directo referente a las caracolas de Torrevieja, pues el propio Charles-Édouard Jeanneret menciona la caracola encontrada en Long Island como elemento inspirador para la creación de esta obra tan icónica del arquitecto francés. Este hallazgo le ha servido para fabricar la cubierta del templo que se eleva apoyada sobre cuatro gruesos muros.

Imagen 3. La cubierta de la capilla de Ronchamp de Le Corbusier está inspirada, según el propio arquitecto, en una concha encontrada en una playa de Long Island. La reinterpretación de un objeto cautivador encontrado (el “objet trouvé”), unido a las teorías naturalistas y el propio sentimiento de recogimiento que supone un edificio de este tipo para el arquitecto hacen levantar una pieza de este calado, todo un referente para la historia de la arquitectura moderna.
Le Corbusier refleja en la Capilla de Notre Dame du Haut la estereotomía del terreno que abre sus entrañas a los fieles para que se adentren en la naturaleza que, a pesar de ser espacio construido, tiene su vertiente más naturalista y orgánica, y eso lo apreciamos en la planta del templo, donde gruesos muros de enorme peso visual se retuercen orgánicamente como si de una continuación del paisaje se tratara. En este caso, cosa que no podemos decir de la mayoría de sus proyectos, el arquitecto francés ha sabido beber del entorno natural para fusionarlo con la pieza arquitectónica. La Capilla de Ronchamp aparece como una emulsión rocosa que brota sobre la verde colina sobre la que se alza, un buen ejemplo de continuidad entre paisaje natural y artificial.

En cambio, a pesar de encontrar similitudes e intentar relacionar ambas obras (Ronchamp con Torrevieja), nos surge la duda del lenguaje empleado por Toyo Ito a la hora de elaborar su proyecto.

La geometría empleada para materializar los espacios, dejando de lado la teoría expuesta sobre el objeto encontrado, refleja claramente el lenguaje que emplea y domina este arquitecto, y que plasma perfectamente en su vertiente teórica más orgánica como bien enuncia en “Arquitectura de límites difusos” donde habla del límite blando como una delgada línea que permite a la arquitectura reaccionar ante el entorno. Se trata de una arquitectura que recoge el testigo del movimiento moderno más mecanicista y lo abstrae para generar una nueva arquitectura de líneas que responden al entorno donde se asienta el proyecto, y no sólo se adaptan a este, sino que crean un entorno nuevo, más rico, al introducir la pieza arquitectónica en cuestión.
 
Imagen 4. A pesar de tratarse de una obra no concluida, ya se puede apreciar el sistema constructivo utilizado en uno de los cuerpos de las caracolas. En concreto, se trata de un nervio de acero que se retuerce formando la espiral generadora. Sobre esta espiral se monta una estructura de madera que servirá de cerramiento y aislamiento, además de soporte para la impermeabilización antes de colocar el revestimiento que vemos en la imagen, formado por placas de cobre que se adaptan a la compleja forma del proyecto.


En este mismo ensayo, el arquitecto japonés expone perfectamente cuál es la intención de esta “arquitectura sin límites”, al poner el entrono artificial como base y marcarse el objetivo de responder a la naturaleza y a sus elementos (luz, agua, viento…). Esta respuesta al entorno que plantea significa establecer un límite flexible entre el cuerpo construido y la naturaleza circundante, no regirse por alineaciones ni retículas, sino tomar como lenguaje compositivo el propio lenguaje que habla la naturaleza. Las caracolas propuestas para el Parque de la Relación de Torrevieja, hacen suyos estos postulados y crean una arquitectura que queda embebida en el entorno, una arquitectura que se convierte en paisaje de manera gradual, tal y como lo hacen las raíces de un árbol al introducirse en el terreno creando un sistema homogéneo y natural.

Esta fusión con el territorio se refuerza con el uso de la geometría en espiral que se genera para recrear la forma de la caracola. La torsión a la que se ve sometida la estructura de acero que sustenta la cubierta de madera revestida de cobre, otorga un sentido mucho más poético al elemento artificial. El plano que sirve a la vez de suelo, pared y techo se retuerce y pasa de ser exterior a ser interior, acentuando esa continuidad visual.

Una vez más, como ya hizo en la mediateca de Sendai, Toyo Ito crea un sistema orgánico donde fusiona forma y estructura, que deja en segundo plano el carácter portante de esta, que en esta ocasión se concibe como una mero cerramiento, un cascarón, un plano que se retuerce para generar el espacio y da carácter e identidad propia al proyecto.

Llegados a este punto y digerido lo expuesto, ¿Cabría cuestionar la teoría del objeto encontrado a favor del uso de un lenguaje propio por parte del arquitecto japonés?

Definitivamente sí.